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lunes, 19 de octubre de 2009

Alarido de Dios

No soy de poner reseñas, pero esta ocasión la merece. La salida de un nuevo libro de Jose Miguel Vilar-Bou es motivo de fiesta. El tío es de lo mejorcito que tenemos hoy por hoy, y por eso le odio.




Alarido de Dios (Equipo Sirius, 2009), la nueva novela de José Miguel Vilar-Bou, venía con muchas expectativas. Tras su deslumbrante debut con Los navegantes (Grupo AJEC, 2007), las apuestas estaban muy altas, y la experiencia no ha defraudado.

Muchos son los comentarios que aseguran que Los navegantes y Alarido de Dios son iguales, y no es cierto. Mientras la ópera prima de Vilar-Bou nos narraba el asedio de la ciudad de Arialcanda, Alarido habla de un viaje, con sus personajes en continuo movimiento. El trasfondo, con la mirada de cinismo y realidad, sí es muy similar, pero sin duda estamos ante la evolución como escritor de este joven valenciano.

La novela nos cuenta la historia de Dedekáer, un diplomático pacifico e idealista, y la de Vervoék, último Puñal de Ü. Ambos viven en el bando de los humanos inmersos en una guerra a muerte con los Demonios que dura más de 100 años… y que están perdiendo. Ambos son enviados a una misión para conseguir un objeto que decantaría la balanza hacia la victoria de los humanos. Una huida desesperada a temperaturas bajo cero con las únicas armas de la palabra y la espada.

Vilar-Bou crea una civilización en decadencia, con costumbres propias como las de trocear al enemigo una vez abatido, o la de luchar en campo abierto armado con lanzas y machetes, ya que las espadas son símbolo de un rango superior. La decrepitud de los humanos se percibe en la senilidad de sus mandatarios o en la crueldad de sus leyes, aunque por lo demás cuentan con algunos avances de la ciencia. Entre ellos, el más destacado es la evolución que el autor hace del clásico dragón, convirtiéndolo en el imposible Daagoon, toda una obra de arte de la mitología literaria.

La historia se percibe como una huida hacia el norte, con hombres embrutecidos por la guerra, la soledad y la miseria. La muerte es un hecho cotidiano y la decisión es sencilla: él o tú. Da igual que el enemigo sea un niño, un anciano o un muerto de hambre. La moralidad está cortada por el patrón de la desesperación, y en el amor y en la guerra todo está permitido. No hay buenos ni malos claros, sino que cada bando es un reflejo del otro, sólo que unos van ganando y otros perdiendo. Alarido es un alegato antibelicista, un retrato de la muerte en la que el autor no se posiciona, dejando que sus personajes evolucionen con el lector y tomen sus propios juicios de valor.

Las carnicerías son constantes a medida que avanza el libro. A algunos les choca ver tanta brutalidad en una novela de fantasía y lo califican de gore. En realidad, hay muchas más páginas que hablan de sentimientos que de casquería, pero Vilar-Bou las cuenta con idéntico pulso narrativo. El ritmo es el mismo para hablar de una conversación entre dos enamorados que para describir la tortura a un campesino.

Y en mitad de la barbarie aún queda sitio para el humor. A destacar la hilarante visita al dentista, las chicas dementes que creen ser un billete de autobús, o la única frase de un tipo llamado Aaab, por no mencionar las notas al pie de página o los llamados vilarismos (¡quiero un parchís magnético!).

La prosa de Vilar-Bou alcanza cotas de excelencia narrativa. Resultan hipnóticos los primeros compases del viaje por el Norte, o la parte titulada Conversaciones en Montaña Diamante. La lectura se agiliza con continuos cambios de narrador, de primera a tercera persona, oscilando principalmente entre el idealista diplomático y el rudo Puñal de Ü. Los capítulos suelen ser muy cortos, en ocasiones de unos pocos párrafos, por lo que una vez terminado uno te enganchas al siguiente dada su brevedad.

En su conjunto, Alarido de Dios ofrece momentos de gran diversión y otros de una profundidad inesperada. La fuerza con que nos narran los episodios de guerra contrasta con el canto a la vida que en forma de esperanza brilla en el corazón de sus protagonistas. Un mundo sorprendente, con personajes enigmáticos y una trama sólida convierten a la novela de José Miguel Vilar-Bou en una lectura indispensable para los amantes de la buena literatura abiertos a otra visión de la fantasía.