jueves 2 de julio de 2009

Esto me suena...

Leo en la revista Qué-leer:

El Rothfuss escritor nació donde nacen todos: del amor por lo que uno lee. En este caso por la novela de fantasía. O, más concretamente, por el afán de rescatarla de los clones insulsos que la han colonizado en los últimos tiempos. Por cada brillante Harry Potter hay quince plomizas copias que repiten hasta la saciedad el esquema de espada mágica-princesa-señor malvado. “Hasta el punto de que hay veces que coges un libro y dices ‘¿eh, no he leído yo esto antes?’. No es que quisiera reinventar la fantasía, no soy tan imbécil como para pensar que puedo hacerlo, pero sí quería hacer algo distinto”.

El nombre del viento cuenta la historia de Kvothe, un héroe de leyenda exiliado bajo nombre falso en una remota posada del fin del mundo. Un mundo que no tiene nombre, algo sin precedentes en este tipo de novelas, en el que antes de empezar el autor te golpea con un mapa detalladísimo.


Y continúa:

“No quería seguir el clásico esquema de tres actos, ni el drama shakespeariano en cinco partes. Quería contar una historia, y eso exigía una estructura singular, desnivelada y en el que la primera y la tercera personas se alternasen”, explica Rothfuss.

Bien. Estamos ante el último éxito de fantasía fuera de nuestras fronteras y claro, las editoriales esperan y desean que se repita en España. Lo que me llama la atención es la forma de venderlo: saliendo del gueto. Aún recuerdo a algunos autores de novela policiaca renegando de su última obra, asegurando que "tiene tintes de novela negra, pero no es una novela negra". Y sí lo era, pero si decían otra cosa, las ventas del público generalista podía irse al garete. Fuera de cámara, en pettit comité, he oído esto cientos de veces.

Patrick Rothfuss es un tío listo. Si leéis la noticia completa, se nota que ha cuidado su obra. 14 años hasta verla en papel. Por cojones, o es buena o es muy buena. El tipo mima a sus fans en la web, incluso a los traductores. Se lo ha tomado en serio. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo se tomará el fandom algo así?

A veces tengo la sensación de que nos gusta estar en una esquina marginal, como si nuestras lecturas por el hecho de ser minoritarias tuvieran algo especial. Es como si porque un libro escape de ese yugo ya deja de ser fantasía. Ahí tenemos a la novela de Guillermo del Toro, o las de Somoza. Siguen siendo fantasía, entonces: ¿por qué las venden como si fueran otra cosa?

El autor del reportaje habla de las virtudes de la novela: una estructura muy inteligente, cambios de primera a tercera persona, un mundo sin nombre ni mapa... Esto último me llama especialmente la atención. Primero, porque es una estupidez. El que no diga el nombre, no quiere decir que no lo tenga. Toooodas las culturas le dieron nombre a La Tierra, por lo que es normal que se haga en la ficción. Y lo del mapa, a bote pronto diré que mi novela de fantasía tampoco tiene guía gráfica, y si no recuerdo mal Los Navegantes de Vilar Bou tampoco. ¿Eso nos convierte en genios o en visionarios? En superventas os aseguro que no.

Lo que entiendo con esas palabras, del mapa y la estructura, es que no tienen ni idea de por qué ha funcionado la novela en USA ni cómo venderla en España, donde la palabra "fantasía", "ci-fi" o "policíaca" son un handycap para cualquier texto. Así, gritan que es literatura de la buena, que aunque sea fantasía es genial, que os va a gustar, lo juro por Mafalda. Y no. Probablemente se trate de un libro excepcional, muy bueno, adictivo y meditado. Y de fantasía. Punto.

Ahí está el problema: en los prejuicios. Fantasía igual Harry Potter. Fantasía igual historias para críos. Imagino que en los años 20, si una novela la había escrito un negro, era una pésima novela. En ese punto se encuentra la fantasía para el gran público.

En cualquier caso, vendan como vendan la novela, sólo pueden hacerse dos distinciones: lectores inteligentes, y todos los demás. Si eres de los que juzgan un libro por ser fantástico, ya sabes en qué grupo colocarte.

3 ecos en la noche:

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Interesante. Muy interesante. Habrá que acercarse a ese tío. ¡Y 14 años de trabajo! Lo máximo que había oído eran los 10 de Thomas Mann con 'La montaña mágica', un librito de nada.

Alex dijo...

Cuanta razón tienes Claudio.

Y yo la estoy leyendo ahora mismo y es un gran libro.

Claudio dijo...

-Ya comentarás tus impresiones, Álex.

-14 años el pavo, y mira, le ha sonado la flauta. Otro día hablaremos de la gente que confunde la suerte con el trabajo duro.