Me llama la atención cuando se revisa la biografía de un actor famoso. Suelen decir que trabajó de camarero, o de cualquier otra cosa sin glamour, antes de dar el salto al estrellato. Mirad a Madonna, que llegó incluso a dormir en la calle. Pues con este escritor sucede algo similar. Si rascáis un poco, encontraréis curros tan dispares como el consabido camarero, en una oficina, cargando camiones, en un aserradero, profesor particular, tutor de talleres literarios y hasta comercial para Círculo de Lectores. Como veis, las letras cada vez estaban cerca de mi persona.
En Yecla no hay mucho de nada, salvo fábricas, y casi todas son de muebles. Suelen ser de dos tipos: de mobiliario de madera (estanterias, mesas, sillas) y tapicería (sillones, sofás, tresillos). Y uno, que tiene pasado, le tocó trabajar en una varias de ellas.
En aquel entonces estaba en una sierra, recogiendo las piezas que cortaba mi compañero, probablemente, el tío más gilipollas que conozco. Agustín, en el caso de que sepas leer, ya sabes por donde te puedes meter la cabeza, ¿no?
No llevaba ni dos semanas cuando me dijo: Ve y pídele a Juan el sintetizador de la sierra. Y claro, allí que fui. Cualquier excusa era buena para estirar las piernas. El tal Juan me dio un trozo de hierro que pesaba un templo. Con él, atravesé la nave y se lo llevé a Agustín. Ese no, dijo. Pídele el grande. Así que de nuevo cargado con el cacho de acero de vuelta a Juan, y esta vez el pedazo de chatarra que me dio era del tamaño de un motor de moto que no se parecía en nada al anterior.
Me di cuenta de que se trataba de una novatada cuando, al cuarto viaje con el puto sintetizador, vi a toda la fábrica descojonada. Qué cabrones, pensé. Y me reí yo también.
El martes pasado me acordé de aquel momento. Estaba en el gimnasio con un colega y no se nos ocurrió otra cosa mejor que entrar a una clase de abdominales. A mí, los abdominales no me cuestan nada hacerlos, pero el monitor estaba especialmente motivado ese día y acabamos destrozados. Se escuchaban jadeos, murmullos, risas flojas e insultos en voz baja.
El tipo en cuestión nos dijo que pusieramos dos discos de pesas a los lados para determinados ejercicios. Uno de ellos consistía en hacer una especie de puente con el cuerpo, apoyando en el suelo la punta de los pies y los codos, dejando el resto en el aire como si debajo hubiera cristales rotos o pasara un riachuelo. En esas estaba cuando el monitor se dedicó a pasear y a colocar las pesas sobre nuestras espaldas. Si a esas alturas ya estaba reventado, con aquello me mató definitivamente. No veía el momento de terminar el ejercicio.
Cuando por fin tocó parar, me tumbé en el suelo aún con la presión sobre mi espalda. El resto de la gente estaba más lozana, incluyendo a mi colega que se reía amargamente. En ese momento me percaté que nadie más tenía el dichoso disco de pesas en la espalda, solo yo.
Novato, me dije, has vuelto a caer. En esta ocasión no me reí, más que nada porque las agujetas me lo impedían.
viernes 19 de junio de 2009
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5 ecos en la noche:
Cuando era botones de un Banco en Madrid, la novatada era decirle al nuevo que subiese a limpiar los caballos de bronce del tejado, si, eso que salen en "La comunidad".
Todo iba bien hasta que llegó un nuevo...quera sobrino del Director General. Se nos cayó el pelo.
Eso te pasa por tener costumbres tan perniciosas, y desaconsejables, como ir al gimnasio.
Lo que demuestra que, por mucha milonga que nos quieran vender, ni el trabajo ni el deporte son buenos.
Nene, tírate de una puta vez a la mala vida.
(Y a ver si me enlazas uno de estos días)
Abrazos.
H.
Coño, no te sale el enlace, H? Si te puse hará varios meses... Luego lo miro.
El gimnasio y yo nos miramos de medio lado, como dos perros que se olisquean el culo pero que sienten el aliento del otro cerca de las pelotas.
C.
Jua jua jua, vamos a ver, un comercial del Círculo de Lectores (por ejemplo) es menos que un friki que ha escrito un libro sin ningún valor literario, basándose en tópicos que cambia de forma "tópica" intento fallido de ser original? Un escritor tiene que hacer dos cosas, primero escribir divinamente, una vez eso conseguido debe escribir buenas historias, y digo yo ¿por qué elegirle a usted si no hace ninguna de las dos cosas bien?
Que no se le suba a la cabeza, no le conoce nadie, jamás tendrá éxito, jamás será mínimamente conocido, ni tiene talento ni gancho, así que más le vale dejar de despreciar al resto o creerse mejor.
Otro niñato más que se cree "cool" diciendo que es escritor...
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