La otra noche estaba en un local de los que tardan en cerrar. Por allí andaba una chica a la que le habiamos sacado un apodo. Mi amiga dijo:
-Oye, yo no la veo tan fea. La muchacha está rellenita y tiene un peinado muy masculino, pero no es tan horrible.
Yo la observé, incrédulo, y contesté:
-¿Pero cómo no va a ser fea? Si se llama Orcotroll.
A partir de ahí la conversación degeneró en lo cabrones que éramos mis amigos y yo al haber bautizado a esa chiquilla bajo el imponente nombre de Orcotroll.
Lo cierto es que nunca tuve un mote. De pequeño intentaron llamarme cerdo por mi apellido (Cerdán), pero no pasó de ahí. A otros amigos sus motes aún les persiguen casi desde la infancia: el Trespelos, el Peludo, el Albatano, el Manguera... Hasta tal punto llega el tema que en ocasiones tengo que hacer un esfuerzo para recordar sus nombres verdaderos.
Para poner un mote no hace falta ser inteligente, ni siquiera ocurrente, sino tener mala hostia. En la universidad siempre hay un grupo de chicas que se creen las Reinas del Universo. Son esas que si te acercas a ellas por la noche te ningunean como tú harías con un mendigo, pero que en la cola del Mercadona son todo sonrisas e inseguridades. Bien, pues esa pandilla a la que apenas conocía me colocaron un mote. No diré cual fue, pero era asombrosamente perspicaz, muy ajustado a mi imagen, terriblemente actual. Me sorprendió. Me pregunté cuánto tiempo habrían estado pensándolo, y concluí que mucho.
A los dos minutos un colega y yo las bautizamos como Las Putas.
Las Putas. Breve, conciso, insultante, fácil de recordar y acorde con sus personalidades. No se lo tomaron demasiado bien, imagino.
Y es que no es lo mismo una chica que un chico para estos casos. Por ejemplo, un amigo mío tiene un affair con una brasileña. Cuando nos lo dijo, le ascendimos a la categoría de héroe local, pero resultó que la brasileña no era tan impresionante como en nuestras fantasias. Por tanto, le sacamos un mote. En realidad varios, a saber (lo escribo según se pronuncia): Orco du Brazil, Bichu du Amazonas, Troll du Janeiro, etc...
En otras ocasiones poner un alias a alguien es incluso útil. Sirve, entre otras cosas, para recordar algún rasgo que olvidarías con facilidad: la Laurapausini, el Mangascortas, la Kug-fu-Panda (en este caso, porque fueron juntos a ver esa peli al cine, no es nada insultante), el Frenteancha, el Cipotudo (no coment), la Culoraro, la Dientesazules, etc...
Habrá nuevos motes. Algunos acabarán (ya ha sucedido) novelizados. Imagino que otros caerán de mi lado, pero al final todos tienen cierta utilidad. Una costumbre tan española no puede desaparecer, amigos.
PD: Os recuerdo que hoy proyectamos Canela dentro de las jornadas del Mayo Negro alicantino. Será a las 19.00 en la Sede Universitaria de Canalejas. Pasaremos lista e iremos armados, aviso.
martes 26 de mayo de 2009
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10 ecos en la noche:
Tengo un amigo al que llaman en su pueblo de Extremadura, "El Cara". Años conociendole y por fin, ¡albricias! me confiesa el porque del mote en el pueblo.
Hace muchos años cuando la Guardia Civil era la Guardia Civil, mi amigo le pidión un cigarrillo al cabo, y te le dijo ¡Vamos, niño, pues no tienes cara!
Por cierto, aún no se su nombre.
La universalidad de los apodos. Alguien debería hacer un estudio sobre ello. ¿Quién más cuenta su historia?
C.
Unas chicas del insituto apelaban a uno de nuestros más feraces compadres como El Follacabras...
No soy yo, yo sólo era el besugo, a Dios gracias
Lo malo, o bueno, de los motes, es que en la mayoría de los casos el apodado los desconoce. De hecho, buena parte de su gracia consiste en eso. Teniendo en cuenta la naturaleza de motes acuñados por un servidor y aledaños: la bunker, el bonito del tó, el cantinflas, la chupona, el follet (duendecillo), un servidor se alegra de no conocer ninguno de los que el respetable le habrá dedicado, que intuyo serán unos cuantos. Siempre es buena idea bautizarse uno mismo y así, al menos, tener cierto control sobre el desaguisado.
Lo que dices es muy cierto, Enric. Tengo un amigo que se llama a si mismo según el gentilicio de donde nació. Pongamos que es Madrileño, pero le llaman (incluido sus padres) el Madri.
A ver si entra él en el blog y nos cuenta su versión, que es un experto en esto d elos motes.-
Para mi los motes son tan importantes por lo gráficos que son. Uno puede no conocer a una tal Troll, pero se la encontrará un día y sabrá perfectamente que es ella. Los motes pueden ser carismáticos, o pueden ser auténticos estigmas. Pero sobre todo, un mote es una forma de comunicar tus sentimientos por la persona que se lo pones. Yo he puesto unos cuantos... bueno, alguno más. Casi siempre lo hice con ganas de caer simpático... a los demás, porque al que se lo pones no le pilla la gracia. Es cierto, que en los mundos deportivos que yo me moví, los motes eran la única posibilidad de conocer a la gente. Recuerdo un año del que casi no recuerdo nombres de los del equipo, pero motes... Pinga, Gitano, Pichu, Cabra, Peja, Patahierro, ...
Amén, gurú de los motes.
Desde luego no esperaba menos de su persona. Un fiki resentido que se dedica a dar motes machistas a las mujeres por una especie de trauma, pero el suyo no lo ha dicho ¿verdad?
Mira, creo que en vez de quedar como un gilipollas resentido en su blog, debería usted ir al psiquiatra, que es un médico como otro cualquiera, su problema estaría sanado, y no hubiese quedado tan mal...
Ahora usted insulteme y diga que su comentario es tan sarcásticamente inteligente que un servidor borderline como yo no ha llegado a entenderlo... Ya eso es un clásico de su blog, y en realidad le beneficia, porque alguno que otro lo leemos anonadados entre preotencia y miles de traumas a los que se les ve el plumero a kilómetros.
Firmado: Un señor muy feo pero sin restos traumáticos con el sexo femenino, porque jamás fui un plasta y siempre tuve un mínimo de don social como para que me hablen mujeres y hombres de toda clase, y como para salir con feas que tienen su atractivo aunque no lo sean (personas que usted insultaría), normales y con guapas que a usted le traumatizan.
Normalmente se pone mote a los frikis...¿o son los frikis los que ponen los motes? hace años empecé a juntarme con unas chicas de mi universidad que me enseñaron motes de todo tipo: "adipocita", "sonoro", "Eva Brown", "tonelecito", "la hermana de tonelecito", "laringitis-crónica", "la pelos", "la pollo", "la figurante", "la caraperro", "la síndrome"...y conociendo a las personas a las que van destinadas, son bastante crueles, la verdad. Sin embargo, os digo que solo con leerlos os podeis hacer una imagen de como son. ¿Qué imagen os merece alguien a quien se le llama "butrul"? Creo que vuestra imaginación no se acerca ni al límite más inferior de lo que esta criatura engendrada de fealdad es en realidad...
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